La mediación en RRHH

 La mediación en Recursos Humanos:

 por qué contar con una persona mediadora dentro del equipo.

 

 

Los malentendidos más habituales tienen siempre como base una mala comunicación por omisión, malinterpretación o exceso de comunicación. Es inevitable: los conflictos forman parte de la vida de cualquier grupo que comparte espacio vital, independientemente del carácter de su relación, por diferencias de criterio, problemas de comunicación, tensiones entre compañeros, conflictos de liderazgo o desacuerdos entre subgrupos, y pueden aparecer, por tanto, en empresas con una cultura organizativa sólida y estable porque una gran parte de los conflictos se enquista cuando las personas dejan de escucharse, cada conversación confirma la interpretación previa del otro y cada nuevo episodio se incorpora a una historia de agravios acumulados.

No debemos dudar de si una organización tendrá conflictos, por muy estructurada que esté, sino  de cómo se decide abordarlos cuando aparecen.

Incorporar la figura de una persona mediadora en el ámbito de Recursos Humanos supone mucho más que disponer de un recurso para intervenir cuando un conflicto ya se ha producido. Significa introducir una mirada especializada sobre las relaciones, la comunicación y la gestión constructiva de las diferencias. La mediación puede convertirse así en una herramienta de prevención, de intervención temprana y de mejora de la convivencia organizacional.

Uno de los principales desafíos en la gestión interna de los conflictos es la percepción de imparcialidad. Aunque Recursos Humanos tenga entre sus funciones la gestión de las relaciones laborales y el cuidado de las personas, en determinadas situaciones puede ser percibido por la plantilla como parte de la estructura directiva. Cuando esto sucede, una persona trabajadora que se encuentra en conflicto puede sentir que existe una asimetría de poder y que expresar determinadas cuestiones puede tener consecuencias, lo que puede favorecer posiciones defensivas y dificultar que el conflicto sea abordado en profundidad.

La figura de la persona mediadora introduce una diferencia fundamental: no está llamada a decidir quién tiene razón, sino a facilitar un proceso en el que las partes puedan abordar el conflicto en condiciones de diálogo y respeto.

La neutralidad y la imparcialidad procedimental son, por tanto, elementos esenciales para generar confianza en el proceso de mediación.

En los conflictos laborales, aquello que se manifiesta inicialmente como el problema no siempre coincide con lo que realmente está generando la tensión. Detrás de una discusión sobre tareas, horarios, responsabilidades o formas de trabajar pueden existir necesidades relacionadas con el reconocimiento, la confianza, la autonomía, la percepción de justicia o la forma en que se está desarrollando la relación profesional.

La mediación ofrece un espacio estructurado y confidencial que facilita que estas cuestiones puedan ser expresadas. La confidencialidad no es simplemente una característica formal del procedimiento, es una condición que permite que las personas puedan hablar de aquello que en otros contextos probablemente permanecería oculto porque el trabajo del mediador consiste, precisamente, en facilitar la comunicación y ayudar a las partes a pasar de las posiciones enfrentadas a la identificación de sus intereses y necesidades. Una de las grandes aportaciones de la mediación en las empresas es su capacidad para intervenir antes de que el conflicto sea mucho más difícil de gestionar.

Cuando un desacuerdo no se aborda, puede producir una escalada progresiva: disminuye la comunicación, aumentan las interpretaciones negativas, aparecen alianzas, se deteriora la confianza y el conflicto termina afectando a otras personas o áreas de la organización. En ese momento, el coste del conflicto ya no es exclusivamente relacional porque puede afectar al rendimiento, al clima laboral, a la permanencia del talento, al tiempo de los responsables y, en determinadas circunstancias, derivar en procedimientos disciplinarios o judiciales.

Contar con una persona mediadora permite introducir un espacio profesional de intervención cuando todavía existe margen para reconstruir el diálogo.

Hablar de mediación no significa hablar únicamente de bienestar porque los conflictos laborales también tienen consecuencias económicas para las organizaciones. El tiempo dedicado por responsables y equipos a gestionar disputas, la pérdida de productividad, la rotación de profesionales o los costes derivados de determinados procedimientos son factores que deben formar parte de cualquier análisis serio sobre la gestión del conflicto.

La documentación de referencia recoge estudios que señalan la importante cantidad de tiempo que los equipos directivos pueden llegar a dedicar a conflictos interpersonales.

Desde esta perspectiva, una persona mediadora puede actuar como un recurso especializado que evita que los mandos intermedios y directivos tengan que asumir, de manera improvisada, conflictos para los que no necesariamente cuentan con formación específica. La cuestión no es eliminar el conflicto —algo poco realista—, sino evitar que un conflicto gestionable se convierta en un problema organizacional de mayor dimensión.

Es mucho más costoso reemplazar a un profesional con experiencia, lealtad, eficacia y productividad que retener al que ya lo tiene y conoce su entorno. La pérdida de una persona cualificada no siempre comienza con una decisión explícita de abandonar la empresa. En ocasiones comienza mucho antes: con una relación deteriorada, una sensación persistente de falta de reconocimiento, un conflicto con un superior o una situación interpersonal que se mantiene sin resolver —especialmente en un momento en el que se valoran como nunca antes factores compensatorios más allá del económico—. La rotación tiene, además, un coste económico asociado a la contratación, selección, formación y adaptación de la persona que sustituye a quien se marcha.

Por ello, la mediación puede formar parte de una estrategia de retención del talento, no porque garantice que todas las personas permanezcan en la organización, sino porque ofrece una oportunidad para abordar conflictos que, si se mantienen en el tiempo, pueden deteriorar gravemente la relación laboral.

Incorporar la mediación a Recursos Humanos no significa convertir a la persona mediadora en una nueva responsable de personal ni trasladarle las funciones que corresponden a la dirección o a RR. HH. Su papel es diferente.

La persona mediadora aporta una metodología específica para trabajar con el conflicto. Facilita la comunicación, estructura el proceso, ayuda a identificar intereses y necesidades y acompaña a las partes en la búsqueda de soluciones que puedan asumir voluntariamente.

Esta diferenciación es especialmente importante porque la mediación pierde parte de su sentido cuando quien interviene tiene simultáneamente la responsabilidad de decidir, sancionar o representar los intereses de una de las partes. Por eso, cuando una organización apuesta por la mediación, debe proteger cuidadosamente los principios de neutralidad, imparcialidad y confidencialidad que sustentan el proceso.

El mediador introduce una estructura diferente. No se trata simplemente de sentar a dos personas delante de una mesa y pedirles que hablen. La mediación requiere una metodología y unas competencias profesionales que permitan transformar una comunicación basada en acusaciones y posiciones en otra orientada a la comprensión de los intereses de cada parte. El objetivo no es que las personas necesariamente piensen igual, el objetivo es que puedan escucharse, comprender qué está ocurriendo y construir, cuando sea posible, una solución que ambas puedan asumir.

Los conflictos interpersonales prolongados también pueden convertirse en un factor de riesgo para el bienestar de las personas. La exposición mantenida a situaciones de tensión, falta de apoyo, relaciones deterioradas o nudos no resueltos puede contribuir a generar estrés y otros problemas relacionados con la salud psicosocial.

La OIT y la OMS han subrayado la importancia de abordar los riesgos relacionados con la salud mental en el entorno laboral, mientras que la normativa y las recomendaciones internacionales sobre riesgos psicosociales ponen el foco en la necesidad de una gestión preventiva.

Es importante tener en cuenta que la mediación no debe entenderse como una solución universal para cualquier situación. No todos los conflictos son mediables y existen circunstancias —por ejemplo, determinadas situaciones de acoso, violencia, discriminación o desequilibrios de poder— que requieren protocolos y actuaciones específicas. Precisamente por eso es importante contar con profesionales capaces de analizar previamente el conflicto y determinar si la mediación es adecuada.

Sin duda, una de las mayores oportunidades para las organizaciones consiste en dejar de recurrir a la mediación únicamente cuando el conflicto ya se encuentra en una fase avanzada. Una persona mediadora integrada en el entorno de Recursos Humanos puede contribuir también a desarrollar una cultura preventiva: detectar señales tempranas de deterioro relacional, asesorar sobre la gestión de determinadas situaciones y favorecer que los conflictos puedan abordarse antes de convertirse en crisis. Esta función conecta directamente con los planteamientos actuales sobre la gestión de los riesgos psicosociales y la salud psicológica en las organizaciones.

La mediación deja entonces de ser una herramienta reactiva para convertirse en parte de una cultura organizacional basada en el diálogo porque gestionar personas no consiste únicamente en contratar, evaluar, formar o desarrollar talento. También significa gestionar las relaciones que se producen entre esas personas y todas las relaciones generan, inevitablemente, conflictos. La verdadera diferencia está en cómo responde la organización cuando aparecen.

Contar con una persona mediadora supone disponer de un perfil profesional especializado que puede aportar neutralidad, confidencialidad, metodología y una mirada centrada en la transformación del conflicto. Puede ayudar a reducir la escalada de determinadas disputas, facilitar conversaciones difíciles, proteger relaciones profesionales que todavía pueden reconstruirse y contribuir a crear espacios donde las personas puedan ser escuchadas.

En definitiva, incorporar la mediación a Recursos Humanos no significa apostar por una organización sin conflictos. Significa apostar por una organización que sabe cómo abordarlos.


Esa puede ser la diferencia decisiva entre una empresa que simplemente reacciona ante los problemas y otra que ha desarrollado una verdadera cultura de prevención, diálogo y convivencia… y tu empresa, ¿qué tipo de organización te gustaría que fuera?

Sonia GL

@sgmediacion2025


Bibliografía

 

      Thomas, K. W. (1992). Conflict and Conflict Management: Reflections and Update. Journal of Organizational Behavior, 13(3), 265–274. La referencia se recoge en el documento aportado en relación con la percepción de asimetría y el papel de la gestión tradicional del conflicto.

      Moore, C. W. (2014). The Mediation Process: Practical Strategies for Resolving Conflict (4th ed.). Jossey-Bass; Redorta, J. (2007). Cómo analizar los conflictos: La tipología del conflicto. Paidós. El documento identifica estas obras como referencias para los principios de neutralidad, confidencialidad y metodología de la mediación. 2

      Runde, C. E., & Flanagan, T. A. (2010). Becoming a Conflict Competent Leader: How You and Your Organization Can Manage Conflict Effectively. Jossey-Bass / Center for Creative Leadership. El documento aporta asimismo como referencia complementaria el Human Capital Report de CPP Inc. y Myers-Briggs Company (2008), relativo al tiempo y costes asociados al conflicto laboral.

      Society for Human Resource Management (SHRM). (2022). The Real Costs of Recruitment and Turnover. SHRM Research Report; Gallup (2023). State of the Global Workplace: 2023 Report. El documento utiliza estas fuentes para contextualizar los costes de sustitución de profesionales cualificados.

      Organización Internacional del Trabajo (OIT) & Organización Mundial de la Salud (OMS). (2022). Mental Health at Work: Policy Brief; Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo (EU-OSHA). (2021). Calculando los costes de los riesgos psicosociales y el estrés relacionado con el trabajo en las empresas europeas.

      Munduate, L., & Medina, F. J. (2013). Gestión del conflicto, negociación y mediación en las organizaciones. Ediciones Pirámide; ISO 45003:2021, Occupational health and safety management — Psychological health and safety at work — Guidelines for managing psychosocial risks. Estas referencias aparecen en el documento como apoyo al papel preventivo de la gestión del conflicto y de los riesgos psicosociales.

 

Comentarios

Entradas populares de este blog

ENTREVISTA BLOG: BESTIAL

ME VOY A SUECIA

YA DISPONIBLE: EL DIABLO CANTA BLUES